El duelo y las tareas de duelo

Cuando alguien pierde a un ser querido pasa por un proceso de duelo, vamos a hablar hoy del caso de Paula que actualmente tiene 31 años. Su madre murió cuando ella tenía 16 años, de un cáncer de hígado, después de un año de haberle detectado la enfermedad.

Momento de shock incial

Paula, en un primer momento, ante la muerte de su madre sintió como que no podía ser real que aquello le estuviera pasando, como si pudiera ser reversible, comenta ella “como si fuera un sueño”, no se podía hacer a la idea de que la madre ya no volvería más.

Fue un proceso muy duro para ella, ya que estaba muy unida con su madre y no se acostumbraba a pasar de tenerla cada día a no verla nunca, incluso creyendo que en cualquier momento volvería a casa. Se negaba a aceptarlo al principio, y se preguntaba “¿por qué a ella?”.

Sensación de irrealidad/no asumir la pérdida

Este punto de “no asumir la pérdida” es normal al principio, como explica el autor Engels, pero lo que es necesario, para poder ir haciendo el trabajo de duelo, es pasado un tiempo de la muerte, superar esta fase para poder trabajar en la siguiente , ya que si no se hace podría producirse una duelo no adaptativo.

Después de la muerte, incluso los recuerdos le hacían daño, sobre todo los primeros momentos, dice que pensar en ello era un dolor insoportable, incluso físicamente se notaba falta de energía. Parkes habla del dolor físico y emocional que se puede experimentar, y que está inevitablemente vinculado a la pérdida de un ser querido, y es necesario reconocerlo y trabajarlo, para que no se manifieste de maneras disfuncionales que puedan perjudicar la persona y que alarguen el curso del duelo. En este sentido Mireia ha sido una chica que ha podido identificar este dolor y se ha permitido experimentarlo, aunque comenta que hacía alguna evitación en un primer momento ( “no quería pensar en ella porque me hacía demasiado daño”) , pero dentro de la normalidad de la inmediatez de los hechos, con el tiempo pudo pensar y hablar de la madre sin ningún problema.

Recuerda que el primer año sin ella fue muy duro. Como dice el psiquiatra George Engels, la pérdida de un ser querido representa a nivel emocional un daño que podríamos asimilar, en el terreno físico, a una grave herida. Por lo tanto si la física necesita de un periodo de tiempo, imprescindible para curarse, el emocional también requerirá de este tiempo, para poder volver a restablecer el equilibrio en el organismo. Será necesario hacer una serie de “tareas” que implicarían un esfuerzo a nivel emocional y adaptativo.

 Las cuatro tareas de duelo que son imprescindibles para un duelo sano, según Engels:

Primera tarea: Aceptar la realidad de la pérdida

Esta sensación de que no es verdad, está casi siempre presente en un primer momento, pero la aceptación de la nueva realidad es imprescindible para poder seguir con el trabajo de duelo. Que Paula lo hubiera sentido en un primer momento fue completamente normal, pero esta sensación no se mantuvo mucho tiempo, sino que pudo asumir la irreversibilidad y pasar a las siguientes fases del trabajo de duelo. Paula, como muchas personas en duelo, tuvo el apoyo de una psicóloga.

Engels habla de “trabajo” de duelo porque implica un esfuerzo por la persona que lo vive, ya que no es sencillo hacer frente al impacto emocional de una pérdida.

Negación de la pérdida

Pueden presentarse diversas manifestaciones conductuales contrapuestas entre sí pero que ambas nos pueden indicar que nos encontramos ante una negación de la pérdida:

  • mantener durante mucho tiempo la habitación intacta como la tenía (momificación) de un hijo que ha muerto
  • o bien lo opuesto, deshacerse inmediatamente de cualquier pertenencia que pueda recordar la persona perdida
  • decir que no le echa de menos o que no tenían tan buena relación (minimización de la pérdida)
  • espiritismo para contactar con el ser perdido
  • olvido selectivo de todo lo relacionado con la persona muerta querida

 

En el caso de Paula no se dieron estos hechos.

En cuanto a la aceptación de la realidad, tal vez la Paula tenía las capacidades de aceptación intel·lectual, pero para la aceptación emocional necesaria necesitó de un tiempo y de un apoyo terapéutico para llegar.

Ella conserva pertenencias de su madre como un recuerdo pero no ha llegado a ninguno de los extremos comentados como patológicos.

 

Segunda tarea de duelo: trabajar las emociones y el dolor de la pérdida

En un primer momento la familia extensa se volcó en apoyarlos, pero a medida que pasaba el tiempo este apoyo fue disminuyendo.

La manera que tuvo Paula para enfrentarse, en un primer momento, a la muerte de su madre fue centrándose mucho en sus estudios, dice que quiso “hacerse la fuerte”. Dice que creía que ella podía con todo, pero con el tiempo se dio cuenta de que no era así, que tenía que pasar por el proceso de duelo. Se dio cuenta de que no podía evitar sentir y era bueno que pasara por los diferentes momentos, sin refugiarse en otros distractores. Creyó que le iría bien pasar este proceso con el apoyo de una psicóloga. Además también decidió tomar antidepresivos durante un período.

Fue pasados ​​tres años de la muerte de la madre, cuando la Paula experimentó una descenso, comenzó a estar muy triste, incluso sin ganas de vivir, fue a raíz del boda de su hermano menor.

Evitación de las emociones de la pérdida

Le sucedió lo que el autor John Bowly describe diciendo: “Antes o después, aquellos que evitan todo duelo consciente, sufren un colapso, habitualmente con alguna forma de depresión”.

En la boda de su hermano la echó mucho en falta, notó mucho aquella ausencia, en un momento vital importante. Su familia la vio mal, creían que necesitaba un apoyo profesional, a parte de lo que ellos pudieran dar y decidió ir con una psicóloga.

Ella ya había ido durante un tiempo a otra psicóloga justo cuando sucedió la muerte pero fue muy puntual, dice que ahora, con el tiempo de da cuenta de que se había pasado los tres primeros años sin hacer un trabajo de duelo. Se da cuenta de que la evitación de pensar en la madre y el daño que le provocaba, la hizo aplazar este enfrentamiento con distracciones que la hacían no pararse, no pensar, no sentir.

Se mantenía centrada en “hacer”, creía que si se centraba mucho en los estudios no sentía tanto el dolor y con el tiempo dice que aquel mal tuvo que salir y que la psicóloga la ayudó mucho a permitirse sentirlo.

Pasó le lo que explica Worden, en la segunda tarea de duelo, sobre la negación, el bloqueo de los sentimientos y el dolor, la evitación de pensamientos dolorosos, de recuerdos de la madre.

Otras personas tienen otras formas de evitación de esta tarea como pueden ser el uso de alcohol o drogas para evadirse, pero no se dio en este caso. Lo que sí decidió fue tomar antidepresivos puesto que había llegado a tener pensamientos de muerte justo en el período mencionado de antes de iniciar la terapia.

Otras estrategias que pueden utilizar las personas para no soltarse en su dolor, son los constantes viajes y en el caso de Paula fue el refugio en sus estudios, en sacar buenas notas.

La relación de Paula con su madre era excelente, incluso cree que ha sido la persona a la que ella ha preferido. La consideraba el pilar de su familia (formada por el padre y 3 hermanos más) y su ausencia comportó readaptaciones por parte de todos los miembros.

Tercera tarea de duelo: adaptarse a una nueva realidad sin el ser querido

A nivel emocional comenta que tuvieron que “salir adelante como pudieron”. En este punto podríamos hablar de la tercera tarea de duelo que Worden llama “adaptarse a un medio donde el muerto está ausente”.

Dependiendo de cómo era la relación con la persona muerta, esta readaptación será diferente para cada persona. En el caso de Paula, el espacio emocional que ocupaba su madre era el más grande de todos los miembros de su familia, por lo tanto el vacío que le dejó también lo fue.

Aunque contaba con una familia bien avenida, (una hermana y  dos hermanos y su padre) era muy marcada la ausencia de su madre en todos y cada uno de los momentos de su día a día, desde mirar la tele juntas por la noche y hablar de cómo había ido el día, hasta comer la comida que había cocinado la madre (y que después tuvieron que cocinar otras personas), pasando por los consejos que Paula le pedía.

Parkes habla de los roles que desarrollaba la persona muerta para cada uno de los que se quedan.

Para los familiares vivos, todos los roles que hacía la persona que ha muerto, pueden irse haciendósele conscientes pasado algún tiempo de la pérdida, y a menudo se resisten a asumir estos roles que antes hacía el ser querido fallecido.

Paula pudo enfrentarse a situaciones en las que habría recurrido al apoyo de su madre, sin ella, y se sintió y aún ahora se siente, orgullosa de haber sido capaz de conseguirlo. Incluso en la actualidad, aún cuando tiene momentos difíciles, dice que piensa que ojalá estuviera su madre para darle apoyo y aconsejarla.  Pero aún así, sabe por todos estos años que ha vivido sin esta ayuda, que podrá hacerlo de nuevo, porque ya lo ha podido afrontar otras veces. Todo  eso le ha hecho verse a sí misma como una mujer más fuerte y capaz de lo que ella misma se creía que era.

Este aprendizaje, como explican Horowitz y otros (1980), en algunos casos, primero pasa por un periodo donde los intentos de desarrollar los roles que hacía el ser perdido no son exitosos y llevan a la persona viva a sentirse fracasado y a bajar su autoestima, cuestionándose la eficacia personal. Pero este periodo, con el tiempo, se va convirtiendo en más positivo, sintiéndose más capaces de seguir y aprender nuevas tareas y enfrentarse al mundo (Shuchter y Zisook, 1986).

La muerte de la madre supuso para Paula muchas pérdidas que iban unidas a la relación tan estrecha y buena que había entre ellas, las cosas que hacían juntas, su compañía y apoyo y también notó mucho el vacío en la familia. Su sitio en las comidas era un hecho que recordaba su muerte, así como las fechas señaladas también eran especialmente difíciles, porque remarcaban su ausencia en momentos que eran significativos como unidad familiar (navidades, cumpleaños o la boda de su hermano).

Los mensajes sociales sobre el duelo

Paula dice que socialmente no está bien visto llorar y estar triste y que ella había tratado de mostrarse fuerte. Esperaba sentir de la psicóloga el mismo discurso, que no llorara, pero no fue así, y la ayudó mucho a sentirse descansada.

Cuando alguien le permitió y le justificó la necesidad de sentir el dolor, llorar, estar triste, para poder ir haciendo el proceso correcto de duelo, y para poder ir superándolo.

Worden explica que la interacción entre la persona en duelo y la sociedad puede dificultar llevar a cabo la segunda tarea en el proceso de duelo (trabajar las emociones y el dolor de la pérdida) y fue lo que le sucedió a Paula, como acabo de explicar anteriormente.

Worden habla de un mensaje social sutil de “no necesitas elaborarlo sólo sientes pena por ti mismo” y dificulta que la persona reconozca cuanto es de necesario permitirse sentirse triste. Geoffrey Gorer dice que “abandonarse al dolor está estigmatizado como algo mórbido, insano y desmoralizador. Lo que se considera apropiado en un amigo que quiere bien a la persona en proceso de duelo es que le distraiga de su dolor “. (Gorer, 1965, pág.130).

En el caso que nos ocupa, hasta pasados ​​3 años, Paula no encontró la manera de hacer esta fase que había dejado aparcada, y necesitó del apoyo profesional de una psicóloga para reconocer que lo tenía que hacer. En otros casos similares, donde también sería necesario un apoyo psicológico, puede ser que la persona o sus familiares no crean adecuado un apoyo profesional, haciendo que el duelo no pueda resolverse de forma natural sin ayuda y se haga patológico. Y como dice Worden, puede resultar complicado trabajar terapéuticamente esta fase si se ha evitado durante un periodo largo de tiempo, entre otras cosas porque puede contar con menos apoyo social del que hubiera tenido en el momento de la pérdida.

En cuanto a asuntos pendientes que siente que le quedaron  con su madre, dice que le gustaría haberle dicho, la última vez que la vio viva, cuánto la quería y lo importante que era para ella y en cambio sólo tiene el último recuerdo como que no hablaron, sólo se cogieron de la mano y la madre la miró.

Tampoco se despidió en ningún momento, porque que se negaba a hacer explícito que se tenían que despedir y que no se verían más. Era como que no quería creérselo ni aceptarlo,porque el hecho de decirse adiós significaría que la muerte era una realidad.

Ella cree que con 16 años, la familia no quiso hablarle sobre esta despedida, cree que la querían proteger, incluso echa de menos que no lo hubieran llevado a menudo al hospital cuando estaba ingresada lejos de casa. Dice que la familia la hizo seguir con sus clases y su rutina pero eso no cree que fuese ninguna protección, ya que ella lo echó de menos.

Crecimiento y aprendizajes

El crecimiento postraumático que ella ha sacado ha sido en cuanto a comprobar que es capaz de hacer cosas, que antes hacía con el apoyo de la madre. Ha tenido que sacar fuerzas de donde pudo para hacerlas sin ella y lo ha conseguido. Todo esto le ha hecho autovalorarse a sí misma, para poder sentirse capaz en situaciones difíciles a las que ha tenido que hacer frente. También ha aprendido a valorar la vida, a darse cuenta de la incertidumbre de cuándo podemos morir y ser consciente de aprovechar cuando estamos vivos. Se dio cuenta de la realidad de la muerte, en los momentos de la enfermedad no acababa de creerse que la muerte era posible y que no volvería a ver más a su madre, y cuando pasó, comenzó a darse cuenta de esta realidad y que está presente a su alrededor.

Cuarta tarea de duelo: recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

Con el paso de los años cree que ha ido madurando y viendo la situación de manera diferente, que ha llegado a entender la muerte como una parte más de la vida. Se ha dado cuenta de que, a su alrededor, la muerte de seres queridos debido a enfermedades, es una realidad presente e inevitable y la ha podido ir entendiendo como parte de la vida de las personas.

Ha podido llegar a poder vivir con la pérdida, aunque no siente que pueda rehacer totalmente de una pérdida tan significativa como es una madre. Cree que se aprende a vivir con este hecho, que se ha de aceptar porque es una realidad que no se puede cambiar.

Como dice Worden: “ No se pierden nunca los recursos de una relación significativa”, y Paula lo expresa también así, diciendo que aunque haya continuado con su vida, a la madre siempre la recuerda y la tiene muy presente y cree que será siempre así. Pero no es un recuerdo con una intensidad exagerada. Esta sería la cuarta tarea de duelo: recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

Se podría considerar que se ha superado esta etapa cuando la persona puede formar nuevos vínculos con otras, pueden estimar nuevas personas sin sentir que signifique que están dejando de amar la persona perdida.

Paula pudo hacer esta cuarta tarea y establecer nuevas relaciones y vinculaciones afectivas con nuevas personas, hizo nuevas amistades en la universidad, tuvo pareja, etc.

Podría decirse que Paula pudo finalizar las cuatro tareas de duelo y por tanto, finalizar este duelo cuando,como describe Worden, consiguió poder pensar en su madre sin dolor intenso. Sí con una sensación de tristeza, pero no con las manifestaciones físicas de llanto intenso o sensación de opresión en el pecho.

Además también considera el final del duelo cuando la persona puede volver a invertir sus emociones en el vida y en los vivos, cuando puede volver a experimentar placer y sentirse más esperanzada, y en el caso de Paula ella consiguió hacer este paso después de la terapia.

Dice que es capaz de seguir con su vida, tener ilusiones, sueños, de querer vivir, de disfrutar. Se siente orgullosa de haber podido estudiar y conseguir metas importantes en su vida, a pesar de las dificultades que conllevó el trasiego de la muerte de la madre.

A pesar de esta superación, Paula, en sus palabras, cuando habla de su madre, siempre dice que nunca podrá superar del todo este vacío que ella ha dejado y el siguiente párrafo me parece que refleja muy bien lo que transmite cuando lo dice:

“Encontramos un lugar para lo que perdemos. Aunque sabemos que después de dicha pérdida la fase aguda de duelo se calmará, también sabemos que permaneceremos inconsolables y que nunca encontraremos un sustituto. No importa qué es lo que llena el vacío, incluso si lo llena completamente, siempre hay algo más”. (E.L.Freud, 1961).Pérdida de un ser queridoEl dolor de la pérdidaTareas del dueloTrabajar las fases del duelo

Abrir chat